MESTIZAJE
2001
ELOGIO DE DON PEDRITO Y EL SENORIO DE SULCO
(o dime como cocinas y te dire a quien ignoras)
Ivana Ferrer reune en su primera muestra individual un conjunto de pinturas que recuperan determinadas cualidades de la imagen fotografica. Vemos pronunciados acercamientos a platos de comida tradicional de larga data y aun consumidos habitualmente en los hogares limenhos: aji de gallina, carapulcra, olluquito con charqui, arroz con pato, cebiche, anticuchos, lomo saltado.
Se trata de la observacion cercana de los detalles al interior de un pequenho fragmento en cada una de las comidas, descubriendo los ingredientes, el efecto visible de unos sobre otros como consecuencia de la preparacion, y sobre todo los indicios de ella misma: arroz manchado con culantro, gallina deshilachada y confundida en una mezcla cremosa, papa amarilla medio disuelta por efecto de la coccion, papa blanca y carne doradas por la fritura y banhadas del lubricante aceite que les da su color en irregular mezcla con un tomate hecho anicos, carne semichiclosa semichamuscada por accion directa de las brasas, puntitos de aji prometiendo sus descongestionantes ardores entre picadillo blancuzco de pescado y brazos inertes del que en vida fuera un agil pulpo.
Analisis visual apuntalado por unas resenhas escritas pero pictoricas que acusan tanto la variada procedencia de los elementos usados en las recetas, como la aun mas significativa de aquellas primeras manos no tan bien tratadas que ingeniaron esas para nosotros ya tan habituales y valoradas maneras de preparar los alimentos.
Se descubren ante nuestros ojos una serie de evidencias que delatan nuestra historia y relaciones humanas. No se trata de cosa poca cuando nos percatamos, por ejemplo, de la omnisoterrada presencia de nuestra aborigen papa en casi todos los platos. Presencia timida como de sirvienta con derecho a ser util sin recibir el credito: la chola papa siempre ahi, presta a sostenerlo todo pero sin atreverse a darle su nombre al preparado, ni a ponerse al lado del anticucho. Siempre abajo, siempre atras, siempre disuelta y escondida o frita y confundida.
Tambien se nos recuerda, por ejemplo, como olvidadas mujeres arabes traidas para servir a los conquistadores persistieron en sus costumbres culinarias ante los ingredientes, oriundos o importados, que podian encontrar en estas tierras: arroz semi-pre-masacotudo y siempre al lado, haciendole la taba a casi todo; aglutinaciones semi-acuosas, hervidas a olla tapada y semi-tapada entretejiendo efluvios alucinantemente en esa orgia de sabores que nos es tan cara en ajies de gallina y demas menjunjes. Se vislumbran ajetreados chinos pocacoseados y siempre chinoesquineados, ingeniandoselas para encontrar un modo de convivir y transar con los lugarenhos, cocinando tan mal pero tan rico la comida de estas tierras que terminan inventando nuestro tan ovacionado lomo saltado, entre tantos otros platos de chifa que ya quisieran haber generado en su famosa Revolucion Cultural. Se les da credito culinario a ninguneados africanos esclavos que debian arreglarselas para hacer comibles las mugrientas visceras medio podridas que les tiraban sus denigradores, condimentandolas y quemandolas hasta disimular la podredumbre que las hacia insoportables, pinchandolas para no quemarse ni ensuciarse al meterlas en el cuerpo para alargar un poco mas sus nada felices existencias.
Grupos humanos sin prestigio social que nos obsequiaron esa comida criolla y adyacentes tan reputadas, a la vez tan cotidianas y humildes, y tan excepcionales y soberbias. Esas comidas que se abrazan con el futbol para mentir nuestro orgullo de ser peruanos y nuestro siempre repetido entranhable extranhar en el apetecido exilio fluctuante entre miaminesco y barcelonense.
Cocineros que aun desde sus desventajosas posiciones pudieron hacer uso indiscriminado de nuestra ya mencionada papa, y arrimar de un codazo que viene durando siglos los modos de preparar alimentos que aqui existian antes que los empresarios privados de la Companhia del Levante fundaran San Miguel y se hicieran de Tumbes en 1531.
Pinturas que nos muestran el detalle de nuestra dolorosa riqueza cultural, de nuestra mixtura dificil y siempre marcada por el desconocimiento y la postergacion del otro. Historias humanas que se exhiben lujuriosamente en esos tan ricos bufetes de matrimonio bailado con de todo un poco pero siempre de mal gusto, y que se recuerdan tambien, y tan bien, en humildes menus de barrio.
EMILIO SANTISTEBAN.
ELOGIO DE DON PEDRITO Y EL SENORIO DE SULCO
(o dime como cocinas y te dire a quien ignoras)
Ivana Ferrer reune en su primera muestra individual un conjunto de pinturas que recuperan determinadas cualidades de la imagen fotografica. Vemos pronunciados acercamientos a platos de comida tradicional de larga data y aun consumidos habitualmente en los hogares limenhos: aji de gallina, carapulcra, olluquito con charqui, arroz con pato, cebiche, anticuchos, lomo saltado.
Se trata de la observacion cercana de los detalles al interior de un pequenho fragmento en cada una de las comidas, descubriendo los ingredientes, el efecto visible de unos sobre otros como consecuencia de la preparacion, y sobre todo los indicios de ella misma: arroz manchado con culantro, gallina deshilachada y confundida en una mezcla cremosa, papa amarilla medio disuelta por efecto de la coccion, papa blanca y carne doradas por la fritura y banhadas del lubricante aceite que les da su color en irregular mezcla con un tomate hecho anicos, carne semichiclosa semichamuscada por accion directa de las brasas, puntitos de aji prometiendo sus descongestionantes ardores entre picadillo blancuzco de pescado y brazos inertes del que en vida fuera un agil pulpo.
Analisis visual apuntalado por unas resenhas escritas pero pictoricas que acusan tanto la variada procedencia de los elementos usados en las recetas, como la aun mas significativa de aquellas primeras manos no tan bien tratadas que ingeniaron esas para nosotros ya tan habituales y valoradas maneras de preparar los alimentos.
Se descubren ante nuestros ojos una serie de evidencias que delatan nuestra historia y relaciones humanas. No se trata de cosa poca cuando nos percatamos, por ejemplo, de la omnisoterrada presencia de nuestra aborigen papa en casi todos los platos. Presencia timida como de sirvienta con derecho a ser util sin recibir el credito: la chola papa siempre ahi, presta a sostenerlo todo pero sin atreverse a darle su nombre al preparado, ni a ponerse al lado del anticucho. Siempre abajo, siempre atras, siempre disuelta y escondida o frita y confundida.
Tambien se nos recuerda, por ejemplo, como olvidadas mujeres arabes traidas para servir a los conquistadores persistieron en sus costumbres culinarias ante los ingredientes, oriundos o importados, que podian encontrar en estas tierras: arroz semi-pre-masacotudo y siempre al lado, haciendole la taba a casi todo; aglutinaciones semi-acuosas, hervidas a olla tapada y semi-tapada entretejiendo efluvios alucinantemente en esa orgia de sabores que nos es tan cara en ajies de gallina y demas menjunjes. Se vislumbran ajetreados chinos pocacoseados y siempre chinoesquineados, ingeniandoselas para encontrar un modo de convivir y transar con los lugarenhos, cocinando tan mal pero tan rico la comida de estas tierras que terminan inventando nuestro tan ovacionado lomo saltado, entre tantos otros platos de chifa que ya quisieran haber generado en su famosa Revolucion Cultural. Se les da credito culinario a ninguneados africanos esclavos que debian arreglarselas para hacer comibles las mugrientas visceras medio podridas que les tiraban sus denigradores, condimentandolas y quemandolas hasta disimular la podredumbre que las hacia insoportables, pinchandolas para no quemarse ni ensuciarse al meterlas en el cuerpo para alargar un poco mas sus nada felices existencias.
Grupos humanos sin prestigio social que nos obsequiaron esa comida criolla y adyacentes tan reputadas, a la vez tan cotidianas y humildes, y tan excepcionales y soberbias. Esas comidas que se abrazan con el futbol para mentir nuestro orgullo de ser peruanos y nuestro siempre repetido entranhable extranhar en el apetecido exilio fluctuante entre miaminesco y barcelonense.
Cocineros que aun desde sus desventajosas posiciones pudieron hacer uso indiscriminado de nuestra ya mencionada papa, y arrimar de un codazo que viene durando siglos los modos de preparar alimentos que aqui existian antes que los empresarios privados de la Companhia del Levante fundaran San Miguel y se hicieran de Tumbes en 1531.
Pinturas que nos muestran el detalle de nuestra dolorosa riqueza cultural, de nuestra mixtura dificil y siempre marcada por el desconocimiento y la postergacion del otro. Historias humanas que se exhiben lujuriosamente en esos tan ricos bufetes de matrimonio bailado con de todo un poco pero siempre de mal gusto, y que se recuerdan tambien, y tan bien, en humildes menus de barrio.
EMILIO SANTISTEBAN.